En una serie de artículos que iré suministrando cual píldoras, voy a reflejar lo que para mí son, actualmente, los análisis, teorías o hipótesis que mejor reflejan el contexto socio-económico-político en el que actualmente nos movemos. Soy consciente de que únicamente voy a esbozar teorías de alcance medio pues tengo el convencimiento que para comprender el complejo mundo actual sólo es posible con este tipo de teorías. A mi entender todo lo que voy a escribir se puede contrastar tanto de un modo evidente como latente.
Empiezo con Melvin Tumin, sociólogo americano, amigo de un escritor que me gusta mucho, Philip Roth, y al que inspiró su libro “La Mancha Humana” basado en un hecho real que le ocurrió al profesor Tumin.
El ensayo que hizo este autor tan interesante como crítica al criterio funcional en el estudio de la estratificación me resulta muy acertado. Lo increíble es que fue escrito en 1953.
Tumin advirtió seriamente de las importantes funciones negativas de la desigualdad social señalando ocho:
- Los sistemas de estratificación limitan el aprovechamiento de talentos disponibles. Resulta del desigual acceso a una motivación apropiada.
- Los sistemas de estratificación limitan los recursos productivos de la sociedad (no mejoran la igualdad de oportunidades).
- Los sistemas de estratificación suministran a la élite el poder político necesario para obtener una ideología que legitime el orden social.
- Los sistemas de estratificación distribuyen desigualmente las autoimágenes en la población. El resultado es que limitan el desarrollo creativo de sus miembros.
- Los sistemas de estratificación aumentan la hostilidad, suspicacia y desconfianza entre los miembros de una sociedad.
- Puesto que el prestigio afecta a la identificación grupal del individuo, también se distribuye desigualmente el sentido de pertenencia al grupo.
- Si lealtad y posición social están asociados directamente, los sistemas de estratificación funcionan distribuyendo la lealtad desigualmente.
- Los sistemas de estratificación distribuyen desigualmente en la población las motivaciones para la participación social.
Las disfunciones están claras. Demuestra cómo la estratificación social y una gran desigualdad pueden ser disfuncionales para la sociedad, puesto que de lo anterior se deduce claramente que el sistema de estratificación social no asegura que las personas más cualificadas lleguen a desempeñar los papeles más importantes, que la tendencia a la acumulación de bienes y recursos de las élites están limitando fuertemente el acceso de los más idóneos con lo que se produce una mala distribución de recompensas e incentivos. Y lo que es todavía más palpable actualmente, limitan la posibilidad de descubrir la cantidad total de talento en una sociedad debido a la desigualdad del acceso a la motivación apropiada, a los canales de reclutamiento y a los centros de formación, estableciendo límites a la posibilidad de aumentar los recursos productivos de la sociedad. Si esta desigualdad no es aceptada por los menos privilegiados el resultado es un elevado número de problemas sociales, tal y como actualmente se está viviendo y cada vez con más intensidad.
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