EN LA VIDA SE PUEDE SER TODO MENOS COÑAZO
EL BARÓN DE CLAPPIQUE
jueves, 25 de abril de 2013
domingo, 24 de marzo de 2013
MICRONACIONES
martes, 19 de marzo de 2013
TENDRÁ QUE HABER UN CAMINO, ESO DIGO YO
Los Planetas+Enrique Morente en el último corte del imprescindible, legendario, grandioso, mayúsculo, tremendo, babilónico y espléndido "La leyenda del tiempo" en un guiño al también inconmensurable "La leyenda del espacio" de Camarón.
La inmensa guitarra de Florent Muñoz con esos lamentos-distorsiones estilo Pink Floyd y la voz de Enrique Morente en esta adaptación "planetaria" del palo flamenco "caña" en un homenaje póstumo escrito por J (cantante de Los Planetas) a la memoria de su amigo Aleix Vergés también conocido como Sideral (componente del desaparecido grupo barcelonés Peanut Pie y dj).
lunes, 18 de marzo de 2013
Diego, eres muy bueno
Soy un ateo convencido. No agnóstico, sino ateo. Niego la existencia de dios. Qué barbaridad, ¿cómo puedes negar la existencia de dios? Demuéstramelo. Parafraseando al gran Richard Dawkins en su legendaria charla de TED de 2002, respondo: no me corresponde a mí demostrar la no-existencia de dios. Sois vosotros, los creyentes, los que tenéis que probar que dios efectivamente existe. Personalmente, yo también niego la existencia de los unicornios, de los centauros y de los concejales de urbanismo honrados. Dios es simplemente una cosa más en la que no creo. Por qué no, yo podría defender la existencia de una cafetera orbitando alrededor de Marte, fundar una religión en torno a eso, acusar de hereje a todo aquél que lo niegue, y además pedirle que justifique esa no creencia con algún tipo de prueba so pena de quemarle en la hoguera. Es curioso que lo de la cafetera sideral le resulte un despropósito a cualquiera con dos dedos de frente, y lo de la religión no. Conozco a unos cuantos eminentes científicos e ingenieros que además son profundamente religiosos. Gente que sabe de la eficiencia del método científico y que le confían a ese método la construcción de aviones, barcos y puentes de los que dependen vidas humanas. Y nunca les falla. Lo sorprendente es que esa misma gente luego trague con las inmensas ruedas de molinos de los dogmas religiosos. Si yo le digo a un físico teórico que he construido una máquina que contradice cualquiera de los principios de la termodinámica, me dirá que es imposible, me lo demostrará en un papel, y ni siquiera me dará la oportunidad de enseñarle mi diseño. Sin embargo si ese físico teórico es además católico en algún momento habrá tenido que tragar y asumir como ciertas cosas como que Jesús de Nazaret nació de una virgen, que hizo milagros que contradecían a la vez varios principios de la termodinámica y que resucitó y ascendió a los cielos, entre otras perlas. Me sorprende tanto rigor para unas cosas y tan poco para otras. Tan meticulosos en unas cosas y tan relajados y permisivos en otras. Sobre todo cuando unas cosas y otras son contradictorias, porque la multiplicación de los panes y los peces y la ley de conservación de la masa no parecen, así a primera vista, demasiado compatibles. Al principio pensaba que estos científicos creyentes eran capaces de distinguir entre mito y realidad, pero me temo que estaba profundamente equivocado. Un creyente no piensa que su religión es un mito. Yo sí que pienso que su religión es un mito, pero ellos no, porque creen en ella. Creo que es muy importante poder distinguir entre mito, parábola y realidad. Poder discernir entre hecho histórico contrastado, ley física probada empíricamente y personaje mitológico más o menos inventado con el objetivo de contar una historieta con moraleja. Se pueden extraer buenos hábitos y buenas enseñanzas de las religiones, incluso sin ser creyente. También se pueden extraer buenas enseñanzas de la trilogía de El Señor de los Anillos, y sin embargo saber que lo que se cuenta ahí realmente no sucedió. Si esto se toma demasiado en serio, se corre el peligro de que alguien llegue a creer de verdad que Gandalf fue un personaje histórico, que Sam, el hobbit, derrotó heroicamente a una araña gigante en la legendaria batalla de Torech Ungol durante su peregrinación anual a Módor, y acabar vendiendo estampitas conmemorando los triunfos de Sam, el hobbit, frente al reino de los artrópodos.
domingo, 9 de diciembre de 2012
LA FELICIDAD
sábado, 17 de noviembre de 2012
SURF
Al sureste de China, en la provincia de Tsau-Chee, poca gente sabe que hay una
pequeña comunidad constituida por norteamericanos. Ésa es la gran ventaja de la globalización, que puedes tomar Tex-Mex en China y bambú hervido en un pueblo de Texas. En torno a dos docenas de familias se ha creado un lugar de ambiente sencillo, despreocupado, pero de mucha riqueza. Básicamente, son ejecutivos de empresas americanas que en su día fueron destinados a esa región, y que ahora que hay pujanza, por ese fascinante misterio que es la economía de libre mercado y sus relaciones contractuales, han sido prejubilados con sueldos del 100% del total. Liberados de la presión moral de la sociedad norteamericana, y por otra parte teniendo todo cuanto puede ofrecer una sociedad norteamericana postiza, son felices.
Los ojos de la mitad sureste de China están puestos en esos pocos cientos de metros cuadrados. Es el tipo de vida que anhela todo buen chino en vías de modernización. Pero sobre todo, por lo que más es conocida la Little America es por haber conseguido formar un núcleo de surfistas en Yellow Sea del más alto nivel. Este núcleo inicialmente estaba formado por los hijos de los norteamericanos, pero ahora está arrastrando a multitud de chinos con la peculiaridad de que entre éstos no son los jóvenes sino los ancianos de la comarca quienes destacan. A su lado, sus nietos no tienen nada que hacer. La explicación está en que en esa zona de China existe la peligrosa tradición, sólo reservada a los ancianos, de recoger el kwain, un fruto cítrico que crece en un árbol del mismo nombre, caminando en equilibrio de un árbol a otro sobre una cuerda que une todas las copas del bosque y que puede llegar a ubicarse hasta a 25 m de altura. El día que esos ancianos se pusieron el traje de neopreno y se montaron sobre la tabla, arrasaron.
miércoles, 14 de noviembre de 2012
Es bueno tener suerte
Dentro de nada 42. Me viene a la mente una frase de Dublinesca "Todos necesitamos a alguien a la hora de acostarnos y un objetivo a la hora de levantarnos." Cumplo con los dos. Ya creo que es demasiada suerte.