Pues, en vista de que los hombres caminan casi siempre por senderos que otros pisaron y proceden en sus acciones por imitación (principio de la imitatio, fundamental para el pensamiento renacentista), pese a que no se pueda seguir en su totalidad el camino señalado por otros ni alcanzar la virtud de los que imitas, debe el hombre prudente tomar siempre la senda de los grandes personajes e imitar a los más sobresalientes, de forma que, aunque no alcance su virtud, desprenda al menos algo de su "aroma". Y debe hacer como los arqueros duchos, que, cuando les parece demadiado lejano el punto que quieren alcanzar, apuntan -buenos conocedores de la capacidad de su arco- más arriba del blanco, no para alcanzar tanta altura como su flecha, sino para poder con tan alta mira lograr su objetivo.
jueves, 25 de octubre de 2012
El príncipe
Homenaje a Nicolás:
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