domingo, 21 de octubre de 2012

CAFE OGORI


En Kashiwa, Japón, existe un café que parece un cuento de Borges: aproxímese a la barra, elija y pague su consumición, y su pedido quedará reservado para quien llegue a continuación mientras le sirven lo que hubiera encargado y abonado el cliente anterior.

Acudir a este café supone aceptar un doble juego. Por una parte, ningún cliente sabe qué le van a servir, por lo que siempre va a resultar (hasta cierto punto, ya que el menú consta de un número limitado de bebidas y platos), sorprendido. Hasta aquí, el proceso no resulta muy diferente de una asignación por sorteo de las consumiciones, sin embargo, lo que sí constituye una experiencia nueva es la necesidad de posicionarse de un modo muy personal en el momento de pedir. Un cliente puede, por ejemplo, decidirse por solicitar lo más barato e intentar conseguir algo de mayor precio que lo que ha pagado, o sentirse generoso y "legar" a su sucesor un espléndido almuerzo. Debe decidir si pensar en lo que ha sucedido o en lo que va a suceder. Puede mirar hacia delante o hacia atrás. Pero la consecuencia más interesante de este experimento en forma de café es que el orden lógico de la compra, deseo, desembolso y disfrute, permanece continuamente subvertido. Sea cual sea la elección del cliente, esos tres elementos se mantienen completamente disociados, de tal modo que la conclusión a la que llega cada cual no es producto de la lógica automática de consumo a la que estamos acostumbrados, sino de una decisión en cierto modo "abstracta" y completamente independiente de cualquier idea previa acerca de la ecuanimidad.

He leído en algunos blogs algunos comentarios en los que se preguntan sobre la posibilidad de que este tipo de negocio pudiera sobrevivir en Occidente y su conclusión suele ser que sería muy improbable.

¿Por qué algo así puede funcionar en Japón sin más pretensiones y no funcionaría, por ejemplo, en España?.

Imagino numerosas explicaciones culturales: reconocer que en las tradiciones asiáticas no existe un conflicto tan marcado entre deseo y sorpresa o razonar que la exquisita educación japonesa evita que la mayoria de los clientes exageren en uno u otro sentido al realizar sus pedidos, de forma que al final casi todo el mundo obtiene, si no lo que quería, si algo de un valor similar a lo que ha pagado.

En cualquier caso, yo también creo que sería muy dificil que surgiera algo así en una cultura como la nuestra.

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